7. Conclusión

Influencias extranjeras

Los motivos decorativos que se revelan en el crisol insular eran, en gran medida, un préstamo de los repertorios celta (última La Téne) y germánico, que durante el pasado pagano habían evolucionado en el uso de los metales y, en el caso de los celtas, las piedras.


El ornamento celta abstracto curvilíneo se fusionó con el entrelazado germánico, habitado por una gran cantidad de bestias tomadas de ambas tradiciones (aunque el repertorio amorfo germánico al principio fue predominante en obras como el Libro de Durrow).

El arte franco también tuvo alguna influencia (que se ve por ejemplo en las bestias independientes en la iluminación inglesa del sur, como el Salterio Vespasiano, que están liberadas de los entrelazados en el que están inmersos sus homólogos del norte).

Los animales más naturalistas del arte Picto también parecen haber ejercido una influencia, por ejemplo en ciertos símbolos de los evangelistas del Libro de Durrow, y los Evangelios de Lindisfarne anunciaban la llegada de una nueva tendencia en pájaros, perros y gatos, más identificables, en el arte hiberno-sajón.

Otras influencias: el arte de la Antigüedad, el arte Mediterráneo y el Oriental. Los arabescos (“vine-scrolls”, simbólico de la eucaristía, y frecuentemente poblado por las bestias de la creación), tan amados por el artista anglosajón, tuvieron sus raíces firmemente ancladas en la Antigüedad, y muchos otros motivos foliares se esparcieron a partir de estas fuentes u otras más recientes.

Las míticas criaturas que suelen aparecer, fueron tomadas de fuentes similares, y a menudo pueden haber estado embebidas de significados simbólicos tomados de textos como “Maravillas de Oriente” y el “Physiologus” (el manticore, un león con cabeza humana, por ejemplo, es el heraldo de la muerte).

Las influencias clásicas e ítalo-bizantinas también encontraron su expresión en el estilo pictórico, naturalista, encontrado en muchas iluminaciones, especialmente en aquellas provenientes de centros romanizantes, como el Codex Amiantinus de Wearmouth/Jarrow, el Salterio Vespasiano y el Codex Aureus de Estocolmo (también conocido como “Codex Aureus de Canterbury”), y los Evangelios de Barberini, posiblemente de Mercia. Pueden encontrarse miniaturas narrativas, además de los retratos de los evangelistas, como por ejemplo en la Crucifixión en los Evangelios de Durham (Lindisfarne, c. 700), el Juicio Final, y Ezra el escriba del Codex Amiantinus, y David y sus músicos en el Salterio Vespasiano.

Los grandes evangeliarios

Tal vez los manuscritos hiberno-sajones más notables fueron los grandes evangeliarios. El Libro de Durrow y el Libro de Kells se ubican en cada uno de los extremos del periodo insular, y están estrechamente vinculados entre sí, por las características de sus textos y quizás por el mismo centro (Iona es el candidato principal). Sin embargo, son estas las piezas más controvertidas del periodo, y a menudo son objeto de argumentos más bien nacionalistas con respecto a sus orígenes (lo que demuestra la utilidad que puede tener el concepto de “insular”).

También en Lindisfarne se produjeron tres espléndidos evangeliarios: los Evangelios de Durham y los de Echternach, ambas obras de un artista escriba denominado “el Calígrafo de Durham-Echternach”, que se supone era contemporáneo y tal vez maestro de Eadfrith, hacedor de un tercer libro de esta especie: los Evangelios de Lindisfarne.

Otros monumentos importantes incluyen los Evangelios de Cambridge-Londres, los Evangelios de Lichfield o Chad, los Evangelios de Leningrado (aunque esta obra idiosincrática también puede haber sido producida al sur del río Humber), y varios libros que incluyen una serie de notables evangelios de bolsillo hechos en Irlanda y, en un par de casos, Escocia (el Libro de Deer) y tal vez Gales (los Evangelios de Hereford).

Southumbria produjo una cantidad de importantes manuscritos iluminados durante el siglo VIII y principios del IX, incluyendo el Salterio Vespasiano, el Codex Aureus de Estocolmo, tres libros de oraciones de Mercia (el “Royal Prayer book”, el Libro de Nunnaminster y el Libro de Cerne), el Tiberius Bede y la Biblia Real, siendo los Evangelios de Barberini una importante influencia dentro del grupo y tal vez un miembro de éste (el evangeliario fue hecho por un equipo que incluía a gente de Northumbria y de Mercia). Estos forman el núcleo de lo que se conoce como el grupo “Tiberius” (por Tiberius Bede, que estaba en un estante superado por el busto del emperador romano Tiberio en la biblioteca del bibliófilo Sir Robert Cotton, quien murió en 1631).

El grupo Tiberio fue particularmente influyente durante el renacimiento Alfrediano. Las iniciales de fines del siglo IX y principios del X representan las terminaciones con cabezas de bestias de las obras más antiguas, aunque ahora se les da también cuerpos y se entrelazan con un denso follaje (parecido al encaje), tal vez inspirado por los manuscritos carolingios de Tours y Metz. También durante el siglo X se introduce un tipo distinto de iniciales, compuestas por un rico ornamento vegetal, con una planta semejante al carnoso acanto, derivado del arte carolingio del siglo IX. Sus ejemplos más refinados se encuentran en obras de la llamada “escuela de Winchester”. Durante el siglo XI estos tres estilos esenciales se fusionan para formar la base de la inicial románica inglesa, caracterizada por una cualidad vivaz, gimnástica, que tuvo sus raíces firmemente plantadas en el mundo insular.

El impacto de los manuscritos carolingiosDurante la segunda mitad del siglo X, emergen dos nuevos estilos de arte figurativo, en última instancia de un carácter clásico pero en deuda con la interpretación carolingia.

El estilo “primero” o de “Winchester”, se distingue por un estilo opulento en cuanto a la pintura, con mucho dorado y colores, presentando pesadas hojas de acanto y un estilo de figura naturalista en el que el drapeado a menudo asume una cualidad muy ágil, de gran movimiento. Los marfiles producidos por la Escuela de la Corte de Carlomagno están entre las posibles fuentes de inspiración para este estilo. La influencia insular además se vio reforzada por la re-importación de los entrelazados zoomórficos en una manera formal y a menudo estática, popularizada por los manuscritos carolingios de la escuela franco-sajona, que a su vez habían respondido a la antigua influencia insular. El apogeo de este estilo se ve en el Bendicionario de San Aethelwood, hecho en Winchester aproximadamente entre los años 971- 984; esto condujo a una asociación primaria con Winchester, aunque el estilo, de hecho, se encuentra en otros centros asociados con las reformas monásticas, como por ejemplo Canterbury.

A fines del siglo X se introdujo en Inglaterra el segundo estilo importante, inspirado por un importante manuscrito carolingio conocido como Salterio de Utrecht. Este libro había sido realizado cerca de Rheims, aproximadamente en el año 820, y representaba un estilo sorprendente, de dibujo agitado, en deuda con la técnica esquemática, ilusionista, de la pintura clásica. El Salterio de Utrecht aparentemente fue utilizado como un modelo, tal vez incluso en un estado independiente, en el scriptorium de la Iglesia de Cristo a principios del siglo XI. Más tarde inspiró la primera de las tres copias de Canterbury, el Salterio Harley. En esta última obra trabajaron varios artistas y escribas, y todavía se estaba trabajando en ella a principios del siglo XII.

Durante la primera mitad del siglo XI, los dos principales estilos anglosajones (el “primero” o de “Winchester”, y el segundo, de “Utrecht”) comenzaron a fusionarse, asumiendo el estilo de Winchester un carácter más agitado, con mayor actitud, ejecutado en una técnica de pintura más impresionista, como se ve en el Salterio conocido por su signatura BL Harley 2904, en el Salterio Arundel, los Evangelios de Santa Margarita y los Evangelios de Judith de Flanders.

Una tendencia cada vez más fuerte hacia la fabricación de patrones encuentra una dramática expresión en el Salterio Tiberius, un libro de Winchester de cerca del año 1050 que introduce un influyente ciclo inglés de miniaturas a manera de prólogo (miniaturas introductorias).

Otro elemento adicional para el desarrollo estilístico del siglo XI es la influencia escandinava. Se encuentra menos marcada en la iluminación de manuscritos que en otros medios, pero los entrelazados zoomórficos y los ornamentos foliares escandinavos, inspirados en gran medida ellos mismos por los estilos anglosajones, tienen una aparición limitada. Las iniciales caracterizadas por entrelazados menos disciplinados, serpenteantes, y un follaje fibroso, se inspiran en el estilo Ringerike vikingo (que se ve, por ejemplo, en el Salterio Winchcombe).

Estilos anglosajones en el continenteAproximadamente a mediados del siglo XI, hace su aparición en el arte inglés, tal vez por influencia alemana o flamenca, un estilo duro, metálico (que se ve en el Tropario de Calígula), contribuyendo a la transición del arte anglosajón al arte románico. La contribución anglosajona al arte medieval no terminó aquí, a pesar de todo. A partir de fines del siglo X el “primer” estilo anglosajón o de “Winchester” se practicó en el área franco-flamenca, en especial en San Bertin, mientras que el estilo de Winchester con respecto a la decoración de los bordes encontró gran popularidad en la parte norte y oeste de Francia, y fue introducido en el scriptorium de Weingarten a través del pasaje de Judith de Flanders. Normandía fue particularmente receptiva con respecto a la influencia inglesa (manifiesto en el Préaux, y Evangelios de Jumiéges), que fue reintroducida después de la conquista.


Además de los elementos estilísticos ya mencionados, el arte anglosajón contribuyó en formas iconográficas distintivas. La Crucifixión, la Trinidad, los Evangelistas, y la iconografía de María y David, recibieron particular atención y fueron desarrollados como imágenes complejas, a menudo investidas con sustratos de significados, algunos de los cuales pueden atisbarse por medio del comentario exegético (o interpretativo). Estos y otros caracteres idiosincráticos, como por ejemplo los cuernos de Moisés (derivados de una interpretación errónea del pasaje bíblico con respecto al descenso de Moisés de la montaña, habiendo recibido los Mandamientos, durante el cual aparece “radiante”, traducido erróneamente como “cornudo, con cuernos”), iban a continuar influyendo en la iconografía medieval.

Así es como, a través de una sutil red de fertilización cruzada, la pintura de manuscritos anglosajona e, indirectamente, insular, realizaron una importante contribución a la evolución del arte románico y, en última instancia, gótico.
The Royal Prayerbook. Principios del siglo IX, Mercia (¿Worcester?). Uno del grupo de los libros de oraciones de Mercia, cuyos textos están recopilados alrededor de un tema central, en este caso Cristo como la cura de la humanidad, el curador de la humanidad. Se sugiere que posiblemente estuvo en poder de un médico, tal vez de una mujer. (BL Shelfmark Royal MS 2.A.XX,f.17.) British Library.































The Book of Munnaminster. Principios del siglo IX, Mercia. Parte final de los extractos de los evangelios, y comienzo de una oración atribuida a Gregorio Magno, de uno de los libros del grupo de libros de oraciones mercianos, que se enfoca esta vez en la vida de Cristo. (BL Shelfmark Harley MS 2965, f.16v.) British Library.



































The Tiberius Psalter.c.1050; Winchester. Los tormentos del Infierno, de un ciclo introductorio de influyentes ilustraciones sobre las vidas de Cristo y David. Sus dibujos en tinta muestran las tendencias manieristas del arte anglosajón tardío. Este fue un tema inglés muy popular, e inspiración para el antiguo drama litúrgico. (BL Shelfmark Cotton MS Tiberius C.VI,f.14.) British Library.

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